viernes, 2 de junio de 2017

Oportunidades en singular


Esos ojos que clavas en los míos. Es en esos instantes cuando puedo leer que odias lo que hago, que desprecias que me salga de tus límites, que desearías poder borrar de un plumazo las ideas que no comparto con las tuyas. 

No lograré jamás entender por qué una forma de vida puede ser tan difícil de sobrellevar para alguien. Cuando nadie sufre, nadie sale herido, nadie se arrepiente. Nadie, excepto tú.

Juicios de valor que no merezco. Miradas de reproche, luchas internas que mantienes contra ti. Al final, el sufrimiento siempre es para la misma persona.

Y yo, mientras tanto, lo único que siento es pena. Por ti, porque estas juzgando algo que no conoces, a alguien que no conoces, en lugar de juzgarte a ti y a tu peculiar forma de ver la vida. Vida que no haces más que desperdiciar. Quizá llegará un día en el que mires hacia atrás y comprendas que has perdido todo, el tiempo, tus sueños, tus ganas y tu fuerza. Y ahí se acabará. Porque ya no habrá forma de recuperar lo perdido.


La oportunidad sólo llama una vez a nuestra puerta, y si no somos capaces de levantarnos y abrirle paso a nuestra vida de par en par, veremos cómo se aleja en sentido opuesto. Y no será culpa de nadie, solamente de nosotros mismos.

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