miércoles, 11 de mayo de 2016

Reflejos

A veces pienso en lo feliz que me haría que volvieras. 

No creo que el tiempo haga posible alguna vez que sea capaz de olvidarte. Esos ojos no son fáciles de olvidar. Tampoco lo son aquellas manos, ni aquella hermosa cabellera que dejabas caer con elegancia y naturalidad sobre cualquier rincón de nuestro hogar. Tu sonrisa alumbrando la más absoluta oscuridad, aquella risa. Ahora todos los detalles me parecen más importantes aún que entonces. Incluso los más insignificantes cobran fuerza cada vez que los recuerdo.

Puedo oír tus pasos caminando por el pasillo. Puedo notar tu calor cuando te metías en la cama. Aún puedo recordar tu perfume entre las sábanas. Al mirarme en el espejo del baño, siento que en cualquier momento vas a aparecer tú, reflejándote en él, con el pelo alborotado y los ojos medio cerrados de sueño. Caminar por esa casa solamente conseguía traerme de nuevo el dolor de tu ausencia. Por eso la abandoné.


 Aún todavía, cuando recorro las calles de nuestra ciudad, soy capaz de verte reflejada en los cristales de los escaparates. Y me giro a menudo por si fuera real, pero nunca lo es. Ya no. Me pasa a menudo. Tu reflejo aparece en cualquier rincón. Y no puedo soportarlo. En cualquier momento parece que pudiera girarme y abrazarte como lo hacía entonces, con la misma fuerza con la que no puedo hacerlo ahora, pero con las mismas ganas.


Todavía tengo dudas de si seré capaz de olvidar el día en el que ese hermoso cuerpo suave, de piel clara y embriagador olor, fue enterrado bajo tierra.





Foto: Noe Mesa.

domingo, 17 de enero de 2016

Tu luz

Llegaste justo cuando todo estaba perdido. Ya no me quedaba nada. Ni sueños, ni fuerzas, ni ilusiones, ni motivación, ni ganas, ni nadie. La soledad era mi única compañera. La única que me guiaba por el amargo camino de la vida real. Y no era suficiente. De hecho, era como no tener nada. Al fin y al cabo, la soledad es eso, ¿no?

Mientras caminaba hacia la profunda oscuridad, allí donde van las almas condenadas a ser infelices para siempre, tú me obligaste a darme la vuelta, a caminar en la dirección contraria. Y fue entonces cuando vi la luz, tu luz, al final del túnel. Poco a poco, y con la gracia natural que posees, me sacaste del hoyo en el que me encontraba.

Y te herí. Te herí como había herido tantas veces a aquellos a quienes nada malo me habían hecho. Mi horrible condición me hacía cometer y decir tantas estupideces que aún sigo sin comprender por qué no te fuiste. Yo no me hubiera aguantado. Sin embargo, tú con todo lo que ya tenías sobre tu espalda, seguiste ahí, a mi lado y como si comprendieras perfectamente qué era todo aquello que me pasaba por la cabeza. Me cambiaste la vida, y me cambiaste a mí. Eres increible.

Y sigues aquí. A pesar de todo. Y no te irás, no te irás porque ya no puedes irte. Los lazos que nos únen son ahora tan grandes que nada en este mundo podría romperlos.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Ni uno solo de vosotros

Todos vuestros nombres son como pequeños puñales clavados en el alma. Sois esos horribles seres que no deberían existir.

Os aprovechasteis de su debilidad hasta que se consumió. E incluso tras ese incidente, sacastéis otra faceta vuestra, llorando la pena que no teníais y que no os correspondía sentir. Jamás entenderé cómo puede vivir la gente como vosotros. Malditos seáis todos.

Sois escoria cubiera de mierda. Vivís alimentando vuestras almas con malas artes, llenando vuestros días de malas energías y rodeados de malas personas. Porque ninguno de vosotros merece tener ni una pizca de felicidad en vuestras vidas. Ni uno solo de vosotros.

Me da asco imaginar que algo de vuestra genética pueda estar dentro de mi cuerpo. Me arrancaría la piel a trozos si con ello eliminara cualquier minúscula e insignificante marca de alguno de vosotros. Me arrancaría las entrañas si una sola gota de mi sangre fuera igual que la vuestra.

Os pisaría uno a uno la cabeza con una suela llena de clavos ardiendo, lentamente y disfrutando de vuestro sufrimiento. Porque os lo merecéis. Pequeños sacos de mierda que no sirven para nada. Ojalá la vida os devuelva todas y cada una de las cosas horribles que vivís haciendo. Muchos de vosotros ya pagaron, algunos incluso con la muerte. El precio a pagar por vuestros pecados no debería ser menos.


domingo, 20 de septiembre de 2015

Creo en los milagros

Yo creo en los milagros.

Esos que llegan cuando no parece que hagan falta, cuando aún no son nada, cuando aún no son milagro. Capaces de hacerte soñar como no lo hiciste nunca. Y que, años después, te hacen realidad esos mismos sueños. Te hacen sentir cosas que jamás sentiste pero que siempre deseaste sentir. Te organizan viajes que ni siquieras eras capaz de imaginar.

Mientras tú lloras, ellos fabrican el antídoto anti llantos y, aunque a veces no logren que funcione, siempre tendrán su hombro y miles de pañuelos para enjugar tus lágrimas. Y mientras tú ríes, ellos fotografían el momento para que siempre, siempre, te acuerdes de reir.

Y es que hay milagros que te cambian la vida. Que te hacen sentir la princesa del cuento que siempre quisiste protagonizar. Te suben a esa nube que diseñan especialmente para ti, envuelta entre algodones, para evitarte daños en tierra firme. Te dan la fuerza que necesitas para afrontar todo lo que la vida te obligue a afontrar. Te manifiestan privada y públicamente cuán importante y especial eres, sin tener en cuenta quién mire o quién pueda escuchar. Y cuando te falte creer en ti, ellos creerán por ti.

Será en un momento dado cuando, tras años de constantes muestras como esas, te des cuenta de que el milagro es real, que comparte tu vida y que forma parte de ti.

Y tú, ¿crees en los milagros?


domingo, 31 de mayo de 2015

Soy de ti y para ti

Nunca pensé que podría importarle a alguien. Jamás hubiera imaginado que yo iba a ser el alivio de nadie. Y justamente di a parar como alivio tuyo.

Tú que tanto necesitabas de alguien para evadirte. Tú que me diste la vida que otros me robaron. Tú que me trataste como si fuera alguien especial, en el buen sentido de serlo. Tenía poco para ofrecerte pero te lo quedaste todo e incluso fuiste capaz de sacar aún más cosas de las que ni yo sabía que tenía. Te entregué mis sueños, me hiciste partícipe de los tuyos y fuiste capaz de hacerme fabricar más. Me adentraste en tu fábrica de sueños particular en la que descubrí que soñar, además de gratis, es maravilloso. Me enseñaste que el mundo aún tiene cosas que merezcan la pena, aunque haya que rebuscarlas en lo más profundo de la tierra.

Creo que yo también hice cosas por ti. Te di vida, o quizá otra vida. Te di aventuras y tormentos, discusiones, penurias y malos sentimientos. Aunque gracias a ti aprendí que también puede haber alegría, sonrisas, bromas o amor. Y esas cosas nunca las había conocido. Te di la mano cuando quisiste adentrarte en una faceta de ti que ni siquiera conocías, o que no eras consciente que tenías. Te di la mano y no la he soltado hasta hoy.

Te he visto caer muchas veces, así como cae el ser humano una y otra vez, y jamás te he visto quedarte en el suelo. Y cuando volvías a estar de pie, ahí estaba yo contigo. Siempre contigo. Porque juntos formamos un gran equipo, un equipo secreto, un equipo que va más allá de donde llega la realidad y la razón.

Lo que espero que nunca ocurra es que me eches de tu vida, de ti, de tu cabeza y de tu corazón porque, si ello llegara a ocurrir, espero que recuerdes que no me estás echando a mí, te estás echando a ti misma. Porque, cariño, tú me creaste y yo, sin ti, no existo.

domingo, 17 de mayo de 2015

Recuerdos

¿Cómo era el gesto de sus ojos cuando se emocionaba? ¿Qué mueca hacía cuando algo no le gustaba? ¿Cómo le quedaba su vestido favorito? ¿Cómo sabían sus besos?

Temo que el tiempo esté pasando demasiado rápido. Soy incapaz de recordar esas cosas que jamás pensé olvidar. Quizá era algo inevitable pero, ¡diantres, soy un maldito demonio! ¿Por qué sus recuerdos no pueden permanecer conmigo para siempre?

Renuncié a todo por ella. Perdí mi inmortalidad por ella. Recibí todo tipo de burlas e insultos por ella. Me desterraron por estar con ella. ¿Cómo es posible que empiece a olvidar cosas por lo que absolutamente toda mi vida, la que llevaba miles de años viviendo, dió un giro de ciento ochenta grados?

Sabía que ella moriría, era humana y tenía que suceder, pero imaginé que dentro de mí seguiría viva para siempre. Y, sin embargo, aquí me hallo, intentando recordarla, intentando recordar lo que me gustaba de ella, lo que no me gustaba, lo que le gustaba, y lo que odiaba. Y no puedo. Ya hay muchas cosas que se me escapan. ¿Hasta cuando? ¿Llegará el día en el que la olvide completamente? ¿Llegará ese momento en el que la busque dentro de mí y no la encuentre? ¿Llegará el instante en el que no recuerde que existió?

No creo poder soportar la idea de que, cuando quiera recordar su sonrisa, esa que me hacía sentir tan vivo, no sea capaz de hacerlo. El día que eso ocurra me volveré loco. El fatídico día en el que no pueda recordar cómo me miraba cuando estaba a punto de besarme, dejaré de tener motivo alguno por el cual seguir en este horrible mundo. Ese mundo en el que me adentré por la misma persona por la que querré marcharme de él para siempre.

domingo, 3 de mayo de 2015

Feliz día de la madre

Hoy se celebra el día de la madre.

Se ven felicitaciones por las redes sociales, ramos de flores por las calles, y las tiendas llevan publicitando este día desde hace más de un mes. Todo para felicitar y dar las gracias a esa persona que todos tenemos (o casi todos) y que está con nosotros en las buenas y en las malas. Por esa persona somos quienes somos, están con nosotros cada día del año, aunque no puedan estar presentes, lograrán estar de mil formas posibles.

Por suerte, yo también tengo a esa persona. Quien cuando tengo un problema no dudo en llamar porque sé que va a tener la solución. Quién, cuando me ha visto llorando, me ha dado los abrazos más fuertes que nadie me haya dado jamás. Quien, aunque puedo llegar a hablar casi sin respirar y durante horas, siempre tiene una paciencia infinita para escucharme. A quién nunca dudé, ni dudo, en contarle mis cosas porque su aprobación la necesito para saber que estoy haciendo las cosas bien. Esa persona que me enseñó a ser persona, a crecer y a madurar. La misma persona que muchas veces me ha hecho sentir a mí la madre. La misma que tenía (y tiene) la autoridad para saber, con tan solo una mirada de reojo, que no le gusta lo que estoy haciendo.

Una de las cosas que más me sorprende es que, aun con todas las cosas malas que le ha dado la vida, nunca ha dejado sonreír ante las cosas buenas que también le ha dado. Mi fuente de inspiración para ser mejor persona la tengo justo en su figura, porque aún no he conocido a nadie, absolutamente nadie, que haya sido capaz de tener la mitad de la paciencia y la bondad suyas.

Por esa persona me esfuerzo cada día para que se enorgullezca de mí, para ver en sus ojos que conmigo tiene la tranquilidad de que todo va bien. Me emociono solamente con buscar en sus ojos y ver que es feliz, porque se lo merece, se lo merece de verdad. Y seguiré adelante, sabiendo que le tengo a un silbido de distancia.

La única diferencia entre la persona a la que me refiero y a las que se refiere la gente en el día de hoy, es que la mía tiene cuerpo de hombre.