Estoy sentada junto a la ventana en esa habitación en la que me siento a escribir. Sé el día que es.
Han cambiado muchas cosas, ya lo sabrás, y yo aún no lo he asimilado. Parece que de pronto voy a despertar y todo habrá sido un sueño, o una pesadilla, y que todo va a volver a ser como antes, o mejor aún: como antes del antes. No deberías estar perdiéndote esto, deberías estar aquí, conmigo. Hay tantas cosas que te has perdido que necesitarías media vida para situarte en el presente. Cosas buenas, cosas malas, pero cosas importantes, al fin y al cabo.
¿Sabes? No consigo aceptarlo. Tras años rogando a quien fuera que escuchara y pudiera hacer algo que acabara con todo, ahora no es como yo esperaba. Cierro los ojos y veo aquello que no debería ver, que no debería haber visto. Sé cómo se apagan las vidas, pero nunca lo he vivido de esa forma. En sueños parece todo tan distinto... Mi subconsciente me trae historias que no han existido ni existirán nunca, ajeno a todo lo que ha pasado. Como queriendo revivir la vida de la misma forma que ha ocurrido en realidad. Me recrea momentos clave, transformados para resaltar lo peor o lo mejor; circunstancias que siempre han estado ahí, pero que antes no eran resaltables.
Me duele. Hay algo que me duele, muy dentro, muy profundo. No sé qué es, pero no me gusta. Cada lágrima que derramé parece ahora no ser importante. Cada momento que deseé con todas mis fuerzas que lo que ha pasado pasara entonces, ya no es igual. Ahora es como si todo eso pesara. Como si llevara una carga encima que asoma su cabeza para recordármelo todo de nuevo. ¿Culpabilidad?
¿Y tú? ¿Qué es lo que ves tú desde allí donde miras? ¿Cómo ves la situación que te has perdido por marcharte demasiado pronto? A veces quiero reprochártelo, quiero culparte. ¡Te dejaste marchar! ¡Fuiste tú quien no opuso resistencia! ¿Y ahora? Ahora ya no puedes volver. Demasiado tarde. Demasiado tiempo. Demasiado imposible.
Sin embargo, aquí te espero yo, con mis palabras, mi sentimiento, mis abrazos y mis ganas, aunque nunca vuelvas.
domingo, 15 de marzo de 2015
domingo, 18 de enero de 2015
Shhh...
Shhh...
No llores. Se acabó. No llores
más. A partir de ahora, las lágrimas podrás usarlas solamente
cuando rías, cuando rías mucho y con ganas.
Calma, calma. No grites. Tampoco te
tapes los oídos, nadie va a gritar. Se acabaron los gritos. De ahora
en adelante, los únicos que oirás serán los de los niños jugando
en la calle.
Es momento de perdonar. Solamente te
queda eso. Perdona y olvida. O no olvides, lo que tú quieras. Pero
tienes que dejar atrás todo aquello. Ya ha llegado el final, ahora
sólo queda el comienzo.
No tengas miedo. El miedo ya no tiene
sentido. Ya no hay nada que temer. Recupera la tranquilidad que te
robaron. Recupérala y con ella todo lo que te faltaba. Es momento de
recuperar risas, alegrías, momentos, vida.
¿Que te sientes culpable? No es algo
extraño. Pero no te culpes, tú no has hecho nada malo. Da igual lo
que te dijeran, da igual lo que te hicieran sentir. Nadie más que tú
sabe la verdad. Nadie más que tú sabe que no tienes la culpa de
nada. Si las cosas hubieran podido ser diferentes nunca sabrás si tú
hubieras podido hacer mucho más de lo que ya hiciste. Y tampoco
tiene sentido preocuparse de eso ahora. Se acabaron las
preocupaciones. Céntrate en lo que durante tanto tiempo no has
podido. Céntrate en ti, que ya va siendo hora.
No eres egoísta. No eres una mala
persona. No has provocado nada. Se acabó. Es hora de terminar el
capítulo. Cierra el libro si quieres, tienes la estantería llena
para empezar otro. Hazlo tuyo y haz partícipe de él a quien
necesitas que lo sea, a aquellos que siempre estuvieron ahí pero que
no pudiste disfrutarles. Llénalo de momentos, de esos momentos que
nunca has tenido.
Disfruta. Sueña. Vive.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
2-0-1-4
A mí este año me ha enseñado muchas cosas.
He aprendido que siempre habrá personas que no te tendrán en cuenta, que pisarán tu cuerpo sin detenerse a pensar en si te duele o no. Que harán lo que sea por sentirse bien con ellos mismos, aunque sea mentira. Que no respetarán nada, ni a nadie. Que serán capaces de hacer cosas que serás incapaz de comprender. Que si tienen que fingir, fingirán mejor que nadie. .
He aprendido que las cosas que menos te esperabas que dolerían, duelen como millones de cuchillos clavándose en tu cuerpo. Que aquellas personas que creías odiar, son más importantes para ti de lo que imaginabas. Que las cosas malas son sobrepasadas por las buenas en el momento indicado. Que a veces hay que llorar para poder echar fuera aquello que ni sabíamos que teníamos dentro. Que hay momentos en los que, sin darte cuenta, perdonas cosas que jamás pensaste que perdonarías. Que se puede echar de menos lo que llevabas años echando de más. Que lo mejor para cerrar un libro, es recordar los momentos buenos pasados con él.
He aprendido a conocer cosas de mí misma que no sabía que estaban ahí. He aprendido que no soy tan fuerte como me creo, ni tan mala como me parece. Que soy capaz de perdonar cosas imperdonables, y que soy capaz de querer más allá de todas las cosas vividas y por vivir. He aprendido que puedo explotar. Y he aprendido que hay cosas que pueden tirarme que jamás creí que pudieran hacerlo.
He aprendido que siempre hay gente buena por la que luchar. Que cuando caigo, siempre va a haber gente para ayudar a levantarme. Que cuando me vaya, siempre hay alguien que venga detrás. Que siempre tendré hombros, y que no tendré uno, sino muchos más de lo que parece cuando todo va bien. Que hay personas en mi vida que dan sentido a toda ella. Y que, afortunadamente, están para las buenas y las malas.
Y, ante todo, he aprendido que la vida da muchas vueltas, que de repente estás arriba y un momento después estás abajo. Que no se debe jugar con fuego. Que hay que intentar dar lo mejor de uno mismo cada día del año. Y que hay que luchar, por muchas cosas en la vida, pero sobre todas las cosas, hay que luchar por ser feliz y por hacer feliz a los demás.
He aprendido que siempre habrá personas que no te tendrán en cuenta, que pisarán tu cuerpo sin detenerse a pensar en si te duele o no. Que harán lo que sea por sentirse bien con ellos mismos, aunque sea mentira. Que no respetarán nada, ni a nadie. Que serán capaces de hacer cosas que serás incapaz de comprender. Que si tienen que fingir, fingirán mejor que nadie. .
He aprendido que las cosas que menos te esperabas que dolerían, duelen como millones de cuchillos clavándose en tu cuerpo. Que aquellas personas que creías odiar, son más importantes para ti de lo que imaginabas. Que las cosas malas son sobrepasadas por las buenas en el momento indicado. Que a veces hay que llorar para poder echar fuera aquello que ni sabíamos que teníamos dentro. Que hay momentos en los que, sin darte cuenta, perdonas cosas que jamás pensaste que perdonarías. Que se puede echar de menos lo que llevabas años echando de más. Que lo mejor para cerrar un libro, es recordar los momentos buenos pasados con él.
He aprendido a conocer cosas de mí misma que no sabía que estaban ahí. He aprendido que no soy tan fuerte como me creo, ni tan mala como me parece. Que soy capaz de perdonar cosas imperdonables, y que soy capaz de querer más allá de todas las cosas vividas y por vivir. He aprendido que puedo explotar. Y he aprendido que hay cosas que pueden tirarme que jamás creí que pudieran hacerlo.
He aprendido que siempre hay gente buena por la que luchar. Que cuando caigo, siempre va a haber gente para ayudar a levantarme. Que cuando me vaya, siempre hay alguien que venga detrás. Que siempre tendré hombros, y que no tendré uno, sino muchos más de lo que parece cuando todo va bien. Que hay personas en mi vida que dan sentido a toda ella. Y que, afortunadamente, están para las buenas y las malas.
Y, ante todo, he aprendido que la vida da muchas vueltas, que de repente estás arriba y un momento después estás abajo. Que no se debe jugar con fuego. Que hay que intentar dar lo mejor de uno mismo cada día del año. Y que hay que luchar, por muchas cosas en la vida, pero sobre todas las cosas, hay que luchar por ser feliz y por hacer feliz a los demás.
viernes, 7 de noviembre de 2014
Lo que ven mis ojos rojos
Todo el mundo cree saber cómo soy y
quien soy.
Cualquiera puede definir mi raza de una
forma general y coincidir en que "no somos buenos".
Nos tienen en mente como lo opuesto a
lo que debe ser.
Nos marginan solamente por creer
conocernos.
Y yo, tras todos los años que llevo
observando desde fuera, soy capaz de comprobar que nada es lo que
parece. Llevo años, siglos, observando a esa raza que dice ser la
inteligente, la racional, la que dice de nosotros que somos los
malos, los sangrientos, los traidores, los egoístas.
¡Cuántas veces me habrán tachado de
promiscuo o libidinoso! ¿Cuántos lugares para realizar ciertas
prácticas sexuales han visto mis ojos regentados por ellos? ¿Cuántas
parejas rotas por las infidelidades entre ellos? O lo que es peor,
¿cuántas parejas engañadas que creen vivir en una preciosa
historia de amor? ¿Y qué exactamente lo que les mueve a hacer
esas cosas? Negadme que no es el simple placer de la práctica, el
secreto o el morbo de la situación.
¡Cuántas veces me habrán llamado
egoísta! ¿Egoísta, yo? Que levante la mano aquel que no haya
hecho, como mínimo una vez en su vida, alguna acción a favor de su
propio beneficio, sin tener en cuenta a nadie más. He visto incluso
madres egoístas. Madres que afirman con convicción vivir por y para
sus hijos, sangre de su sangre, que se han formado en su vientre y
han nacido de él, matando en vida o en alma a sus propias crías,
esas mismas por las que daba la vida. Y muchos dieron la vida por
ellos.
¡Cuántas veces me han tachado de
despiadado asesino! He visto crímenes que nada tienen que ver con
los que nos corresponden a nosotros. ¡Ellos, los que critican lo
sangriento de nuestras acciones! Los mismos que mantienen relaciones
sexuales con niños y después los matan a sangre fría. Los mismos
que encierran a seres como ellos, torturándolos durante años, para
después matarlos delante de una cámara para que su familia pueda
ver el sufrimiento en su rostro. Los mismos que no tiemblan al coger
un arma de fuego y matar no a una, sino a cientos de personas. Los
mismos que colocan explosivos dando como resultado miles de muertos y
heridos. Los mismos que dejan morir de hambre a sus vecinos mientras
ellos disfrutan de los mejores manjares que les ofrece la tierra. Los
mismos a los que no les tiembla el pulso cuando tienen que
experimentar con seres inocentes e inofensivos que nada entienden de
lo que está ocurriendo, ni de lo que les va a ocurrir. Los mismos
que tratan a los demás seres de la tierra como si no importaran,
como si un perro, una serpiente o un pez fueran menos que ellos. Los
mismos que destrozan un mundo que no les pertenece.
A mí me gustaría poder volver a mi
infierno, aquel del que nunca debieron desterrarme, y que siendo lo
que es, no deja de ser mucho mejor que el mundo en el que viven los
humanos.
lunes, 5 de mayo de 2014
Esta historia entre mis dedos
He estado en muchos lugares y he
conocido a mucha gente. Algunas veces el viaje me duró más de la
cuenta, otros me resultaron demasiado cortos y/o demasiado rápidos.
Han sido tantos que ya muchos casi no los recuerdo. Pero otros se me
quedarán grabados a fuego para siempre. Algunos de esos viajes no
los llegué a terminar nunca, bien porque me resultaron muy aburridos
o porque no fueron de mi agrado. Todos los viajes los hice sola, pero
uno de ellos, lo hizo también mi mejor amiga y aún compartimos
experiencias de ese viaje, comentamos acontencimientos y lo
recordamos todo con bastante frecuencia.
Mi primer viaje serio fue durante una
tarde, cuando tenía unos diez u once años. Fui testigo del
secuestro de un niño en el día de nochebuena.
Uno de los primeros viajes importantes
que recuerdo fue visitar a tres niños: dos chicos, uno de ellos en
silla de ruedas, y una chica. Me enseñaron un jardín muy bonito en
el que ellos se divertían y aprendían.
Durante mis años de instituto, conocí
a una mujer treintañera, un poco rellenita, fumadora y
con poca suerte en el amor. Con ella me reí de lo lindo, me lo pasé
genial mientras me leía las páginas de su diario. Han sido tres en
total, el último me lo leyó hace unos meses.
Uno de los viajes más largos que he
hecho me llevaron hasta Mordor. Estuve rodeada de seres pequeños y
comilones, humanos, elfos, enanos y unas criaturas tremendamente feas
y asquerosas. Fue un viaje muy largo, que a punto estuve de abandonar
y volverme a casa. Pero llegué hasta el final, y fue muy
gratificante. Mi mejor amiga hizo el viaje varias veces, y aún
hablamos de él.
Hace un año conocí a un asesino en
serie llamado Dexter, que me tiene cautivada. Me gustaría ser tan
pulcra y cuidada como él, aunque no tan sangrienta, claro. Aún no
conozco toda su historia, estoy a la espera de que le apetezca
terminarla conmigo.
He conocido gente muy variopinta, y con
grandes historias a sus espaldas. Recuerdo aquella de un niño que se
hizo amigo de otro que siempre vestía un pijama de rayas. Quería
abrazar a esos niños todo el rato. También aquella mujer,
comadrona, que me contó muchas historias de cuando ella era joven y
el trabajo que realizaba en el Londres de los años 50. Un señor
llamado Noah me contó una historia de amor preciosa, de las grandes,
y él mismo era el protagonista.
He estado en muchos lugares: el
cementerio de los libros perdidos, un colegio de magia, una ciudad en
la que convivían humanos, vampiros y hombres lobo, el mundo de hielo
bañado por la estrella azul, las calles de Manhattan (y sus tiendas
de Jimmy Choo, Givenchy, Prada, Cartier,...) y una larga lista de
lugares impresionantes (bueno, unos más que otros).
Lo mejor de todo, es que puedo volver a
esos sitios, con esa gente, siempre que quiera, las veces que quiera y
sin moverme del sillón de mi casa.
¡Hasta la próxima!
Libros a los que hago referencia y que
pueden ser menos conocidos (o más difíciles de identificar en el
texto):
.Noche de paz de Mary Higgins Clark.
.El Jardín Secreto de Frances Hodgson
Burnett.
.La Sombra del Viento de Carlos Ruiz
Zafón
.La Emperatriz de los Etéreos de Laura
Gallego
.El Código Givenchy de Julie Kenner
viernes, 4 de abril de 2014
Letras y palabras
"Estado pensando en ke entrada
escrivir y creo ke esta ba ha ser la mas indicada"
¿Os han sangrado los ojos? A mí me pasa continuamente.
El problema con la faltas de ortografía
y gramática son cada vez peores. No soy experta en el arte de la
escritura, la lengua, la filología, ni nada de eso, pero lo que sí
soy es una amante de la lectura. De cualquier tipo: periódicos,
cómics, libros, blogs, revistas,... Pero no soporto las faltas de
ortografía.
No puedo entender que personas con
estudios, e incluso con títulos universitarios, cometan faltas tan
graves como "valla" como exclamación, o "a sido".
Por no hablar de las tildes... que parece que ni las conocen.
Lo gracioso de todo es que, muchos de
ellos, cuando les indicas cómo se escribe o dice correctamente te
sueltan cosas como: "¿Es que tú no te equivocas?", "Yo
es que hablo así", "Eso no tiene importancia". O mi
favorito: "Es que es el lenguaje que se puso de moda con los
sms". A mí no me cuesta nada escribir bien por mensajería
instantánea como WhatsApp, Telegram, chats, incluso cuando estaba en
auge Messenger. Entiendo lo del "lenguaje sms", pero eso ya
pasó. Yo misma acortaba las palabras, escribía "q" en vez
de "que", "akbar" en vez de "acabar" o
"tkro" en vez de "te quiero", pero esa época ya
pasó, y ahora no te cobran más por enviar más palabras. Así que
esa excusa no me vale bajo ningún concepto.
No es sólo por los demás, sino por
nosotros mismos. Es decir, te puede dar igual que a los demás les
cueste entenderte, piensen que eres un ignorante, o cualquier otra
cosa, pero ¿qué pasa contigo mismo? ¿No te importa ser consciente
de que no tienes ni puñetera idea de cómo se escribe tal palabra, o
cómo se pronuncia tal cosa o qué significa una palabra en
particular? Porque a mí cuando eso me pasa, voy a un diccionario (o
a Google que lo sabe todo) y busco cómo se escribe la palabra que
sea (y lo hago bastante a menudo, que ya os he dicho que no soy
experta y alguna vez se me escapa alguna burrada). Pero muchos
prefieren escudarse en "es que yo soy así" o "bueno,
pero no pasa nada, no es para tanto". Pero sí es para tanto.
La mayoría de las personas a las que
me refiero son jóvenes, jóvenes que son los que en unos años
dirigirán empresas, darán clase a nuestros hijos, tratarán
enfermedades o nos venderán el pan. Entiendo que haya gente mayor
que no sepa escribir, leer, o que no tenga ni idea de qué palabras
llevan tilde, o tal o cuales consonantes. Porque la vida antes era
muy distinta a como lo es ahora. Antes no tenían los mismos recursos
de los que disponemos hoy día, y muchas personas vivían ajenas
totalmente a la lengua escrita. Pero eso no es así en este tiempo, o
por lo menos, no lo es para la mayoría. Y no puedo entender que
personas con posibilidades de acceder a libros, diccionarios y
correctores escriban barbaridades por internet que estén a la vista
de todo el mundo. ¡Aunque sólo sea por amor propio!
Conozco gente con los que
ya he dado el asunto por perdido y me parece triste, aunque no será
mi problema dentro de unos años.
¡Hasta la próxima!
viernes, 14 de marzo de 2014
Entre el cielo y el suelo
Ni siquiera había caído en la cuenta
del día que era. Catorce de Marzo.
Hace exactamente doce años que te
marchaste. Un día catorce. Igual que el día de mi cumpleaños, ese
número que tanto me gustaba de pequeña por todo lo que
conllevaba,... Y justo elegiste ese día para irte. Sé de sobra que
ni siquiera lo sabías, pero yo sí reparé en ese detalle, y lo sigo
haciendo.
Ni siquiera sé que escribir, pero he
sentido la necesidad de hacerlo y es lo que estoy haciendo. Podría
decirte que estoy bien, pero eso seguro que ya lo sabes. Podría
contarte mis penas, pero estoy convencida de que también las sabes.
Y, además, ¿por qué iba a escribirte nada desde aquí?
Hoy, tras doce años de mi vida en los
que llegué a la adolescencia, la pasé, y me encuentro en una etapa
en la que no sé muy bien hacia donde dirigirme, puedo decir que el
tiempo no cura nada. Absolutamente nada si la herida era real y
profunda. Y parece que lo era. No estamos hablando de un amor de
verano, ¿verdad? Y, aunque yo misma he dicho esa frase muchas veces,
sé que no es cierta. ¿No hay nada que el tiempo no cure? Mentira.
El tiempo lo único que hace es apartar todo a un lado, pero no cura
nada. En cualquier momento vuelve algo a recordarme que existías y
todo se derrumba. Y duele. Duele con la misma intensidad que dolía
entonces.
Soy una persona fuerte, o al menos así
me considero, y quizá sí que pueda decir que lo he superado. En
realidad, lo he callado tanto tiempo que lo más probable es que
nunca se notase. A lo mejor fue una mala idea, quizá me hubiese
venido bien hablar del tema con alguien. Pero no me gusta hablar de
sentimientos propios, y mucho menos cuando hay que adentrarse tanto.
Tal vez la persona que más sepa de todo esto sea la misma de
siempre, aunque no sé hasta qué punto llega a comprenderlo.
No voy a decir que me acuerde de ti
todos los días, eso sería mentir, y no vengo aquí a soltar
mentiras. Pero sí que lo hago a menudo, mucho más a menudo de lo
que la gente puede imaginar. Me inclino a pensar que mi propia
situación es la que siempre ha hecho que tu marcha fuera más
importante de lo que quizá lo era realmente. Pero, ¿sabes?, es una
cosa que agradezco. Agradezco que te haya tenido a ti para suplir lo
que me faltaba, que pueda sentir contigo lo que no puedo sentir con la
persona que hubiera correspondido.
Espero poder recordar y sentir lo mismo
que siento ahora mismo cada año, no sólo los catorce de Marzo, sino
cualquier día a cualquier hora y en cualquier situación. Parecerá
que sigues ahí, aunque no pueda verte. Tengo la esperanza de que, de
algún modo, puedas ver todo lo que siempre pienso que me encantaría
que vieras.
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