martes, 29 de enero de 2019
Llamas
No sé qué te diría. Es posible que volviera a agachar la cabeza, emitir un fino, susurrante y quebradizo "qué tal" y todo quedara como siempre. Aunque me engaño pensando que tú me sonreirías, se te iluminarían los ojos y harías ademán de abrazarme como si fuéramos viejos amigos. Viejos quizá sí, amigos no lo veo tan claro.
Todo esto ya lo viví contigo, aunque nunca fue real. Todo lo que adorna mi vida ahora, siempre quedará guardado en un rincón de mi interior como si lo hubiéramos vivido juntos, allí donde guardo todo lo que viví junto a ti. Allí guardo hasta todo lo que nunca sucedió, que a decir verdad, es más de lo que vivimos. Me sigo recriminando el hecho de que quizá todo fue por mi culpa. Me encierro en los "y si..." y me fustigo a menudo con los recuerdos, los vividos y los soñados.
Quiero verte pero me niego a buscarte. Me conformo con venir aquí, a este sitio al que seguramente nunca acudas, del que quizá ya ni recuerdes donde queda, que es posible que ni exista para ti. Porque soy incapaz de reunir el valor para decirte directamente y sin rodeos que te echo de menos. No sé si podría volver a tenerte en mi vida porque me he alimentado de tu recuerdo, y quizá solo sea la sombra de lo que eres hoy. Y eso también me da miedo descubrirlo, no quiero cerciorarme de que te has perdido, de que te perdí. De que todo aquello que te hacía un ser mágico ya no existe y seas solo otro ser terrestre más. Me encantaría volver atrás el tiempo, aunque solo sea durante unas horas, para poder contemplarte y disfrutar de todo aquello, de nosotros. Pero sé que es un pensamiento ilógico, no sólo porque sea imposible, sino porque es probable que ni tú ni yo seamos los mismos de entonces, y que descubramos que esa llama que aún parece que sigue intacta. se apagara hace tanto tiempo que lo único que quede sean témpanos de hielos entre los que morir de frío.
lunes, 31 de diciembre de 2018
¿Balances?
Hice una especie de balance hace exactamente cuatro años. Porque ese diciembre marcó un antes y un después en toda esta historia. No quiero decir que por suerte pero tampoco por desgracia, el caso es que así fue. Y después de estos cuatro años parece que se aproxima un nuevo cambio drástico que va a cambiarlo todo de nuevo. Sin embargo, esta vez la boca no sabe amarga sino dulce y el nudo en el estómago parecen cosquillas y no duele.
Como siempre, nunca sabemos cómo acabarán las historias, ni las que vivimos, ni las que leemos, ni las que escuchamos. Hasta que no llega la palabra fin todo puede pasar. Lo que sí sabemos es cómo comienzan. Hace algo más de trece años conocí a quien se iba a convertir en otra parte de mí, sin la cual esta historia jamás hubiera tenido lugar. Este año tengo que darle el protagonismo absoluto, porque más que nunca lo tiene, en esta historia y en mi vida.
Hace unos años llegó a nuestras vidas la idea de ser los protagonistas de un cuento, de esos de príncipes y princesas, de caballeros y doncellas, de espadas y combates. Lo que empezó como una simple idea muy difícil de realizar, logró hacerse realidad un día del mes de abril. Creo que no tengo palabras suficientes para describir lo que significó ese día para mí, no por los papeles, no por la celebración, sino por el evento. Todavía no soy capaz de creerme que verdaderamente me sintiera como una princesa de uno de esos cuentos que de pequeños nos llenan la cabeza de monstruos, malvados y héroes. Aquí no hicieron falta héroes, ni magos, ni hadas, la magia la creamos entre todos. Sí, magia. Porque la magia no es lanzar hechizos, ni volar con polvo de hada, ni realizar conjuros junto a un caldero. La magia es mucho más. Magia es ver las caras de las personas a las que quieres llenas de alegría y sin que les falte una sonrisa en el rostro. Magia es hacer realidad los sueños. Magia es no necesitar nada para ver juntos a quienes nunca pensaste que serían capaces de chocar sus manos con auténtica felicidad y ganas de hacerlo. Magia es que suene la música y lo único que exista en ese momento sean dos personas. Magia es saber que esto es lo que quieres.
Y cuando el cuento acaba, los vestidos se desabrochan, las botas se quitan y las coronas caen de la cabeza, ya sólo quedan imágenes, en nuestra memoria y en las fotografías.
Pero entonces, mucho antes de que el vestido pierda su blancura, llega un nuevo acontecimiento. Una novedad que nos llena de alegría, miedo, incredulidad, ilusión, esperanza y aprendizaje. Algo que no sabemos cómo va a terminar pero que esperamos convertir en una parte importante más de nuestra historia.
miércoles, 8 de agosto de 2018
Crack
miércoles, 13 de junio de 2018
El cuento
La vida de la princesita era muy especial. Pasaba mucho tiempo paseando por el bosque. Solía ir a visitar a su amigo el gusanito de seda, el cual estaba muy triste porque de mayor soñaba ser una gran y colorida mariposa y los demás gusanitos se reían de él. La princesita entonaba sus canciones para reconfortarle.
También iba a jugar frecuentemente con su amigo el cervatillo, el cual a veces estaba también triste porque a su papá murió a manos de un cazador y ahora sólo tenía a su mamá. La princesita le cantaba al cervatillo canciones alegres para que no estuviera triste.
Otras veces iba a la madriguera de su amiga conejita, que vivía con su mamá conejo y su papá conejo. La mamá conejo había estado enferma desde que conejita nació y nunca había podido tener más conejitos, así que papá conejo y conejita ayudaban y acompañaban a mamá conejo como la gran familia que eran, demostrándose su amor constantemente. La pequeña princesa adoraba cantar con conejita.
Así, la pequeña princesa pasaba los días, visitando a unos y otros amigos. entonando canciones.
Sin embargo, hubo un día en el que la princesita no pudo cantar, pues no fué capaz de hacerlo. Las hadas del bosque dijeron que el problema estaba en que su hada madrina la había abandonado. La princesita esperó y esperó, pero su hada madrina nunca volvió. Tras un tiempo, la princesita se recuperó y volvió a cantar, incluso aprendió nuevas canciones.
Por otro lado, la vida en el castillo era difícil. En él vivía una malvada bruja que sumía todo el castillo de oscuridad, ocasionando llantos y sufrimiento a los que vivían en el castillo y a los que lo visitaban. El padre de la princesita quiso luchar contra ella pero nunca consiguió ganar la batalla, aunque siempre se preocupaba de hacer feliz a la pequeña princesita y a la princesita bebé que acunaba en sus brazos. Aún así, la princesita no dejaba de cantar, daba igual cuanto llorara que volvía siempre a entonar sus canciones.
Un día, en el silencio de la noche, la princesita se despertó por un gran resplandor que sólo duró unos instantes, pero que se llevó a la malvada bruja para siempre. La gente no podía creerlo, parecía un milagro. Pero la princesita siempre pensó que su hada madrina se la había llevado con ella para volverla buena y que formara parte de las hadas del reino del cielo.
Este cuento es real. Esa princesita existe pero no lleva corona.
Aún me sorprende que gente que me conoce bien, desde hace años, que sabe ciertas cosas de mi vida privada y de la gente cercana a ella, me diga que vivo en otro mundo. Quiero dejar claro que no tenéis ni puta idea. Sé de sobra que los animales no hablan, que no llueve purpurina, que cantando no se solucionan los problemas, que ningun príncipe va a venir a rescatarme de las garras de una malvada bruja, como tampoco va a venir ningun hada a hacer realidad mis sueños, que hay que trabajar y ganarse el pan, que hay que luchar por lo que uno quiere y que no siempre puede conseguirse, que hay responsabilidades para toda la vida y que los problemas vienen y no podemos hacer más que vivir con ellos y tratar de solventarlos si es posible. Pero también sé que sólo tenemos una vida y que de cada uno depende el vivirla feliz, con ilusión y con sueños. Sé que no pasa nada por no conseguir aquello por lo que hemos luchado porque siempre vendrán nuevas cosas por las que luchar y que merezcan también la pena. Sé que el pasado forma parte de nosotros mismos, de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos. Un tal Rafiki dijo una vez que "el pasado puede doler pero que puedes huir de él o aprender". Yo elijo aprender. No hay nada que haga más a una persona que las vivencias que va teniendo.
¿Cuál es tu cuento?
sábado, 31 de marzo de 2018
Princesa, que te vaya bien
No sé si aún sentirías ese pellizco en el estómago si te cruzaras con mis ojos. Quizá temblarías de nuevo si nos encontráramos en aquel parque, junto aquel árbol, esta vez siendo yo quien te entregara aquella rosa. Prefiero que pienses que no te he olvidado y que nunca lo haré porque significaste mucho para mí. Pero es posible que fuera una gran mentira. Quedémonos con aquellas primeras veces, las manos entrelazadas y los besos fugaces. Recordemos siempre aquellas miradas, las prisas, los escondites, las mentiras piadosas y las vergüenzas. Las noches sin dormir, las cosas que nunca nos dijimos y las palabras que ya jamás nos dedicaremos.
No olvides mirar atrás de vez en cuando para ser consciente de que el camino andado ha merecido la pena. Recuerda que estás cumpliendo sueños, y que no vale la pena recordar quién te ayudó porque tú sola lo conseguiste. Agradece todo lo dado pero no renuncies a tu valía. Perdona a quien no supo quererte y valora a quién supo hacerlo.
No te olvides de ellos, de los que te dieron la vida que te faltaba cuando todo se desmoronaba. Aquellos que nunca abandonaron y que supieron sacarte una sonrisa cuando más falta hacía, los mismos que te dieron fuerza mientras tus lágrimas se derramaban. Los mismos que llenaron tu vida de color.
Te pido que no llores, al menos no por mí, porque no me lo merezco. Te ruego que vivas, que rías y que seas feliz, porque tú sí que te lo mereces. Busca siempre esas manos que te dan la fuerza, disfruta de esos labios que sellas cada noche con tres besos, siente con ganas los abrazos que te llegan hasta el alma. Mira esos ojos y siente brillar los tuyos, utiliza sus palabras para seguir volando y no tengas miedo de caer porque sus brazos siempre van a sostenerte.
Y ámale, porque nadie más que él se lo merece.
martes, 31 de octubre de 2017
Pesadillas
Se suceden distintos escenarios, a cada cual más extraño. No hay rastro de vida humana. En algunos escenarios puede notarse una brisa muy fría, provocando que mi cuerpo se estremezca. En otros escenarios no hay brisa, no hay aire, prácticamente cuesta respirar. Es imposible conocer el tamaño del espacio en el que me encuentro. Algunas veces siento agobio, otras veces respiro amplitud.
¿Oigo algo? Algunas cosas. Puedo oír el sonido de aves nocturnas, agua, el murmullo de las hojas de los árboles mecidas por el viento. Oigo susurros, lamentos y respiraciones. A veces si soy yo misma la que genera esos ruidos. Ya no sé si respiro o toso, si lloro o río. No soy consciente la mayoría del tiempo de lo que hago. Creo dar pasos hacia delante, pero nunca avanzo. Alguna vez he intentado correr pero no me he movido del sitio. O eso creo.
Cuando empiezo a acostumbrarme al escenario en el que me encuentro y a la oscuridad que lo cubre, cambio nuevamente de lugar. Al principio creía que tenía un destino concreto pero hace tiempo que dejé de pensar así. Ya no recuerdo cuánto tiempo llevo sumida en esta oscuridad. No sé si estoy viva o muerta, si soy joven o vieja. No sé si habrá alguien conmigo, observándome en silencio o gritándome y sin poder oírle yo. Tampoco sé si hay alguien en algún lugar que me eche de menos. Alimento mi alma suponiendo que hay alguien tratando de encontrarme. Sin embargo mi alma cada vez tiene menos fuerza, exactamente igual que yo. Mis fuerzas físicas hace tiempo que dejaron de existir, si es que alguna vez existieron. Mis piernas no me responden, mis manos no son capaces de llegar hasta mi rostro para tocarme la frente. De vez en cuando humedezco mis labios pasando mi lengua sobre ellos. No tengo sed, no tengo hambre. No siento calor, no siento dolor. Únicamente noto el frío cuando una brisa de viento helado me golpea. Y miedo.
Si hay algo por lo que me caracterizo es por el miedo. Es lo único que me identifica. Tengo mucho miedo. El miedo me paraliza, me golpea, me invade. Estoy llena de miedo desde el cuero cabelludo hasta la punta de los dedos de mis pies. Podría decirse que llevo ahora el apellido del miedo.
Y me encanta.
Al principio sufrí mucho, puedo recordarlo vagamente. El miedo llegó hasta mí poco a poco, haciéndose hueco en silencio. Hasta que un día penetró en mí violentamente y ese fue mi final y su comienzo.
Sin embargo, me he acostumbrado a él. Es parte de mí, de quien soy. Ya no sé ser sin miedo, lo necesito para seguir vagando. Ahora es como si el miedo fuera yo misma. Como si el miedo fuera yo.
Un estruendoso grito en el silencio de la noche. Una persona despierta de un salto en su cama. Está empapada en sudor, temblando y con la respiración muy agitada. Alguien a su lado le acaricia el brazo y le susurra al oído:
- Tranquila, cariño, sólo ha sido una pesadilla.
martes, 19 de septiembre de 2017
Una princesa y una enfermera
Ayer unas personas se sorprendieron cuando les dije que no me gusta salir de fiesta, que no me va emborracharme cada fin de semana, que no comparto que la definición de salir sea "ir de bares" y que las noches me gusta pasarlas durmiendo en mi cama.
No es la primera vez que cuando la gente se entera de eso sobre mí, me mira de arriba abajo como si lo que les digo no me pegara para nada. Lo que a mí me hace sentirme orgullosa, en lugar de cohibida. No es novedad que la gente me diga que no se esperaban que me gustaran tal o cuales cosas.
Sin embargo, así soy. Y para nada me avergüenzo. Prefiero pasar la tarde jugando con la pelota y mi perro, echar horas y horas de juegos de mesa (incluso una partida de Eldrich Horror que empiece a las 7 de la tarde y termine a las 5 de la mañana para después de tantas horas acabar perdiendo...), disfrazarme, ir a roles en vivo, viajar,... Un día puedo ser la enfermera que acompaña a un paciente en su enfermedad terminal lo mejor que puede y al día siguiente puedo estar matando trolls vestida de elfa.
Por no hablar de mis gustos. Lo mismo veo series de Zombies que Floricienta por cuarta vez (360 capítulos más o menos). Mi película favorita es Love Actually pero que el mejor libro en mis manos puede ser cualquier thriller de misterio, asesinatos e intrigas. Mi grupo de música favorito desde que era bebé es Mecano pero en mis listas de reproducción nunca faltan canciones de Cristian Castro o Nickelback. Me encanta pasar horas en el sofá leyendo un libro así como pegarme dos horas en el gimnasio dando puñetazos, levantando pesas o haciendo series de abdominales en las que parece que se te van a salir las tripas de dolor.
Pero mentiría si dijese que no me gusta tener el armario lleno de modelitos, faldas y vestiditos monos, seguir las tendencias de la moda y leer y ver vídeos sobre ello. Mentiría si dijera que odio sentarme delante de mi tocador y disfrutar de la textura de cada brocha sobre mi rostro, el olor de la base de maquillaje, practicar con el ensayo error de las sombras de ojos, ver cómo cambia la mirada una simple máscara de pestañas y llenar mis labios de color.
¿Y os digo algo? Se puede ser todo esto. Se puede ser todo esto y más. Puedes ser lo que quieras, solo tienes que hacerlo.